jueves, 17 de abril de 2008

Hola!!

como esta!!
Christinaです。

使い方が分かりました。
(一回書いた事もあるのに、掲載の仕方を忘れてしまい、
この間、西荻で、ミウやトモエと会ったとき、教えられなかったのです。)

Patoから招待された人は、このブログに入れるように、登録してるはずです。
このページの右上にあるログインをクリックしたら、
マイページみたいなのが出てくるので、そこで、投稿を押してから
このように書けます。
皆さんがこのページを見るようになったら、
むこうで分かち合った事も載せますね。
スペイン語で書けなくて、心が痛みます。。。。

1 comentario:

Paula dijo...

Experiencia de Voluntariado en Argentina/2008
Shunta Kurihara
4º.año de Economia
Un grupo de 19 personas constituido por 15 estudiantes,10 de ellos de la Universidad Sophia de Tokyo, 1 joven trabajador y tres misioneras al servicio del grupo, estuvimos en Argentina desde el día 13 de Febrero hasta el día 3 de Marzo del 2008. Nuestros objetivos eran principalmente realizar actividades de voluntariado entre la gente de un pueblo de la Provincia de Santa Fe, visitar un geriátrico en la Capital donde residen japoneses, hacer intercambio con descendientes de japoneses residentes en Argentina y visitar la ciudad de Buenos Aires.
En Noviembre del año 2007 se formó en Japón el grupo de voluntarios y a partir de ese momento nos reunimos varias veces para la preparación de la misión. Desde Argentina nos propusieron un esbozo general pero el contenido y el programa de las actividades de voluntariado, lo fuimos hablando y construyendo entre todos.
Finalmente, llegó el día de la partida de Japón, llevando todos en el corazón una mezcla de sentimientos: por una parte, de inseguridad ante el viaje hacia un país desconocido y por otra, de entusiasmo ante la expectactiva de una experiencia totalmente nueva . Del Aeropuerto de Narita en Tokyo, hasta Houston en Estados Unidos viajamos 12 horas. Después de 8 horas de espera en tránsito viajamos otras 12 horas hasta Buenos Aires. Finalmente, después de este largo y penoso viaje, llegamos a Argentina. Viniendo del invierno de Japón nos encontramos con sorpresa en pleno verano de Argentina. Pasamos la primera noche en Buenos Aires y al día siguiente nos dirigimos (en micro) hacia Vera y Pintado, un pueblo de Santa Fe.
Al llegar, lo que más nos sorprendió fue el recibimiento caluroso con que nos esperaban. Fuimos acogidos por el pueblo en pleno, empezando ya por la Fiesta de Bienvenida que nos habían preparado. Emocionados por la acogida de la gente del pueblo, iniciamos nuestro programa de voluntariado acompañados por un grupo de misioneros (Servidores del Evangelio) que se juntaron a nosotros en Argentina.
A partir de ahora quiero presentar a largos rasgos nuestras actividades. En primer lugar, y porque esta Misión era organizada por una Comunidad Misionera Católica, cada mañana y al final de cada día, teníamos momentos de oración y/o de celebración de la Eucaristía, cuya participación era libre. La mayoría de los estudiantes nunca había participado en una misa, por lo cual algunos sobre todo demonstraban mucho interés. Mucha gente del pueblo acudía también a las Misas (o Celebraciones de la Palabra, por ausencia del sacerdote) con mucha devoción.
Cada día, al acabar la oración de la mañana, teníamos un tiempo de “Visita a las Familias”. Esto consistía en ir visitando los hogares de la gente del pueblo, repartidos en pequeños grupos (de 3 ó 4 personas). La gente era muy amigable, por eso muchos de ellos nos invitaban a pasar a su casa. Mientras tomábamos mate, el té tradicional de Argentina, nuestras charlas se prolongaban a veces por muchas horas. Después llegaba la hora del almuerzo y del descanso. El sol del mediodía del verano argentino es tan fuerte que todo el mundo descansa más o menos desde la una a las 4 de la tarde. Claro que hasta los negocios cierran. A esta costumbre se le llama “siesta”.
A eso de las 5 de la tarde, cuando comenzaba a refrescar, era la hora de jugar con los niños. Todos los días jugábamos al fútbol con los varones menores de 15 años. Hasta la hora prevista, todos los días sin falta, nos la pasábamos jugando sin parar. Con las niñas y los niños más chicos se organizaron a la misma hora talleres de origami, otedama, dibujo, figuras con globos, voleibol, caligrafía japonesa, canciones, etc.
Después de la cena era el momento de intercambio cultural con los jóvenes del pueblo. Un día hicimos un Festival, en el que cantamos y bailamos, pasando así unos momentos muy intensos. Además, tuvimos también ocasión de hacer muchas otras experiencias, como por ejemplo visitar otro pueblo cercano y hacer un pic-nic con la gente del pueblo en una laguna. Incluída la noche en que regresamos a Buenos Aires,en la que todo el pueblo nos vino a despedir a la parada del micro, fueron 10 días de experimentar continuamente el afecto de la gente de Vera y Pintado.
Hablando a nivel personal, hubo un hecho durante las actividades en el pueblo que me marcó mucho y que quisiera compartir. Se trata de Matías, un amigo íntimo que hice en esos días. Él es un estudiante de Polimodal de 17 años y nos conocimos a través del fútbol. No solamente jugamos juntos al fútbol, sino que también pasamos un tiempo muy divertido juntos en la laguna. Otro día él me invitó a cenar a su casa y así, siempre andábamos juntos y riéndonos por cualquier cosa. Yo no hablo casi nada de castellano así que nos comunicábamos o bien por gestos, a través de nuestro pobre inglés, o con la ayuda de la traducción de alguna misionera. Matías se esforzaba por explicarme en inglés para que pudiera entenderle y siempre me decía: “Kuri, vamos juntos!”. Es un muchacho muy amable. Nunca me imaginé que podría hacer un amigo íntimo en la otra faz de la tierra! Aún ahora nos comunicamos por correo electrónico. Soy consciente de que un problema real es que hay muchos obstáculos para que nos podamos volver a ver. Pero yo prometí en mi corazón que algún día, sin falta, nos volveríamos a encontrar.
De regreso a Buenos Aires, visitamos a los ancianos japoneses que residen en el Geriàtrico Guadalupe y después compartimos con un grupo de nikkeis argentinos. Los primeros habían emigrado de Okinawa hace muchísimos años y un anciano se deshizo en lágrimas al escuchar el sonido del shamisen, la guitarra japonesa. Ese momento fue muy emocionante e inolvidable. Qué debió de sentir aquel abuelito recordando su tierra natal desde aquella lejana tierra extranjera? Terminamos nuestro encuentro cantando juntos la canción tradicional japonesa”Furusato”(tierra natal). Después de esto, estuvimos hablando y cenando con un grupo de nikkeis de distintas edades, que también nos acogieron con mucho cariño y hermosos regalos confeccionados por los indios Toba.Terminamos cantando y bailando juntos. Mi conclusión personal fue que ellos más que “japoneses” eran “argentinos”. Por ejemplo, cuando hablábamos, no tenía la sensación de estar hablando con un japonés sino con un argentino. Sobre todo los nikkeis de tercera o cuarta generación ya casi no hablan japonés y la impresión que me dió es que su identidad es totalmente argentina. (Que me perdonen si me equivoco.)
Finalmente los últimos dos días los empleamos en conocer la ciudad de Buenos Aires. Visitamos entre otros lugares, Iglesias históricas, el barrio de Boca y su estadio de fútbol. Disfrutamos también de comprar regalos y souvenirs para nuestros familiares y amigos. El último día nos despedimos de los misioneros en el aeropuerto y volvimos a Japón todos sin excepción.
Se puede decir que dentro de cada uno de nosotros ha cambiado algo o que hemos madurado después de haber pasado estos intensos 20 días en Argentina? Pienso que no sería adecuado que nos contentásemos simplemente con enorgullecernos de haber pasado un tiempo en un ambiente totalmente distinto del de Japón. Pienso que ahora a nosotros, de vuelta a Japón, se nos pide que de algun modo hagamos fructificar esta experiencia en el proceso de nuestra formación humana. Existen seguramente distintos modos de hacerlo: contar a nuestras familias y amigos nuestra experiencia en Argentina, intentar acá en Japón tratar a las personas con con el mismo cariño con que nos han tratado allá, etc. Precisamente porque hemos regresado a Japón, estoy seguro de que hay algo que aquí podemos hacer. Simplemente viajar a la Argentina, cualquiera lo puede hacer. Pienso que lo que a nosotros se nos nos pide es que intentemos poner en práctica acá en Japón lo que hemos recibido en Argentina. Me parecería muy hermoso si dentro de 10 ó 20 años pudiera decir: “Hoy soy lo que soy gracias a haber estado aquella vez en Argentina”.
Finalmente quiero terminar este compartir agradeciendo a la Profesora Paula y a todos los demás colaboradores, la promoción y planificación de este proyecto de voluntariado.